Ikiru
¿Qué tánto se puede
vivir en diez meses? El “vivir” es una unidad de medida subjetiva, pues nadie
percibe situaciones de la misma manera y aún así, se puede “vivir mucho” en
poco tiempo. Y es quizá lo que le da peso a una persona, más que lo que haya
vivido, lo que se aprende de lo sucedido, pues es eso lo que se amplifica o
disminuye en la interacción con las demás personas y que nos hace mejores seres
humanos o incluso peores.
Quizá todo sea
cuestión de percibir, agudizar los sentidos y atender hasta el más mínimo
detalle de una tarde de domingo, calurosa, vibrante y ruidosa por las hojas que
se mueven, o el perro que ladra opacando el sonido ceremonial de los danzantes
en la plaza. Vivir quizá sea el prestarle atención al viento e interpretar palabras
a su paso, ver a las palomas volar en parvada y escuchar el ininteligible
murmullo de la gente en la calle que desvía su mirada por un momento para
reconocer a quien los observa desde un balcón, ahogado por pensamientos alegres
y tormentosos.
Vivir es a lo mejor
el escribir sin miras a ser leído, y tratar de que sea sólo sentimiento
envuelto en letras y no preguntarse si esta bien llorar mientras se escribe y
que el ritmo accidental al teclear marque la rima y métrica de lo que uno
piensa y siente por alguien más.
For Whom the Bells Toll
Octubre 21: Acabo
de escribir un correo que me fue difícil redactar, era algo importante y me
hizo recordar que alguna vez oí decir que aquello que queremos más, cuesta más
trabajo. El asunto es que ese correo implica incertidumbre, y si hay algo que
me da comezón además de hacer filas en los bancos y pintar, es no saber con
certeza que va a pasar, pues no sé siquiera si atenderán a mi correo y si no
haré honor a mi presea del Dante de Oro® de 'Sutil como toro en cristalería
para decir las cosas', sólo me resta esperar. Mientras tanto acaban de dar las
cinco en la torre de la Parroquia, y me acordé de tí. Ojalá no estés tan triste
como yo.
Been working from seven to eleven
Diversos menesteres
han ocupado mi tiempo en los últimos seis meses en mi nueva residencia
-regresar a la casa materna- lo cual siempre me recuerda la frase esa de
'Cinema Paradiso' que dice: “tienes que irte por mucho tiempo para que al
regresar encuentres los mismos lugares y a las mismas personas” y de forma
misteriosa tiene algo de razón. Seis años sirvieron para que encontrara
cambiados lugares que acostumbraba visitar. Gente que se ha ido, literal y
figuradamente, y otros que han permanecido pero que están irreconocibles.
Siento que me he perdido de algo estando aquí al mismo tiempo que me parece
hubiera olvidado algo en Tampico. No me siento propio al caminar por las mismas
subidas y bajadas por las cuales me persiguieran los bravucones del salón a la
salida de la secundaria, pero tampoco tengo tan marcada la nostalgia por los
años que dejé atrás, cuando maldecía con el puño al aire y un sonoro “¡culero!”
al Madero-Unidad Modelo por no detenerse al salir de la Universidad ni por las
reuniones cafeteras espontáneas con conocidos desconocidos que ahora aprecio
tanto.