9.5.14

Del Hogar


Querida:

            La casa de al lado por fin se ha rentado. Pasaron meses desde los últimos inquilinos antes de que siquiera alguien se interesara en depositar sus sueños en un espacio de “interés social”. Lo que apenas hace unas semanas era un frente enyerbado y descuidado poco a poco se ha estado rejuveneciendo en la entrada de un hogar ¡hasta tumbaron el árbol del patio de atrás del que recuerdo alguna vez te conté a manera de queja! Las cosas para la recién llegada familia empiezan a tomar forma, ¡cuántas ilusiones pasaron hace unas noches por esa puerta mientras intentaban meter el refrigerador!

            Tienen un niño -o una niña, aún no sé- pero he visto anteanoche mientras regaba el jardín unas cajas de juguetes en la entrada, pues aún no ponen cortinas. ¿Serán como nosotros que en algún momento buscábamos cualquier detalle para adornar juntos? Esto es lo que sé hasta ahora de ellos: Los papás, la familia de él, viven a tres casas de aquí, con ellos está también una hermana menor. Seguramente su mamá fue quién dio con el anuncio y no dudó en avisar a la incipiente familia de su hijo: la fortuna de la libertad en un hogar propio pero sin estar lejos de quienes han sido su soporte en todo momento.

Esa idea me inquieta, me hace cuestionar mis dotes como futuro papá, tú sabes que no quiero incurrir en las mismas omisiones en las que cayó el mío: quiero que TB lo tenga todo, pero que también sepa lo que es no tener nada. Quiero que en su momento vuele tan alto que al caer se rompa las alas y, antes de volver a su propio refugio, vuelva a nosotros con la certeza de que jamás diremos que no. ¡Qué nervios! Hoy precisamente vi a sus papás, a los de él –a ella aún no la veo- con un pequeño escritorio en la entrada de la casa, lo trajeron arrastrando, no puse atención a lo que decían pero seguramente están igual de emocionados que los recién mudados.

            ¿Cómo están las cosas allá? ¿Todavía hace frío? ¿Resolviste el problema de las goteras? Acá en una noche de viento se ha volado el bote de la basura y el plomero sigue sin venir a revisar la fuga del fregadero. Soy un desastre cuándo no estoy contigo, pero igual me reconforta saber al menos que tú también me extrañas porque la ropa no sale igual de la lavadora. Ese es mi secreto, que la ropa huela bonito para que con cada respiro te acuerdes de mí, así es cómo te mantengo enamorada… ese no es ningún secreto.

            Iré a dormir, son las once (acaba de pasar el tren) y además me estoy quedando sin batería. Hace calor. Te extraño. Prometo escribirte pronto nuevamente.

J.

PD. ¡Me acaba de caer el veinte de que se acabaron las funciones de cine en casa hasta entrada la madrugada con la llegada de nuevos vecinos!
PD 2. Hoy se acabó el Goober que compré antes de que te fueras. Sí, el frasco grande. Prometo no comprar otro hasta tu regreso.