He escrito y desechado infinidad de borradores antes de decidirme a escribir esta entrada, pues no sabía como empezar. Desde siempre, me ha sido difícil lidiar con la muerte. Tenía yo dos años cuando nació mi hermano, un veinticuatro de diciembre, para sólo sobrevivir en incubadora dos días, pues al igual que yo, era prematuro. No recuerdo mucho de esa experiencia pero si ciertos detalles han estado, como si de hierro incandescente sobre la piel se tratase, presentes en mi memoria a través de los años. Igualmente, la muerte de mi abuelo en la adolescencia y hace unos meses el deceso [por no llamarlo un vil asesinato] de un amigo fueron sucesos con los que la vida se empeñó, como lo hace cada que puede, en decirme al oído “¿Estás preparado?”.
Quizá y no sea solamente yo, sino una patología general, el no poder asimilar el proceso de la muerte. Podremos reírnos de ella e incluso venerarla, pero son muy pocos aquellos que no tienen ese arranque de ira y frustración al ver partir del mundo corpóreo a alguien que aman, con quien habían compartido una vida hasta ese momento.
“¿Porqué? ¿Porqué ella y no yo? ¡No es justo!”
¿Será quizá que tampoco estamos educados para afrontar los cambios o es en verdad lo que nos pesa tanto el ver partir a alguien a quien no pudimos decirle un último “te amo” o un “perdón”? Quizá este sea el reclamo más obvio, y la reacción natural, comprensible, al verse encarado con la muerte, al darnos cuenta de que súbitamente y sin esperarlo, no han quitado “algo” que creíamos nuestro, que duraría muchísimos años.
“¿Porque el autor escribió este verso?” pregunta Robin Williams al referirse al poema que ilustrara el ya famoso “Carpe Diem” en ‘Dead Poets Society’. “Porque tiene prisa” contesta uno de sus alumnos.
“NO. Porque somos alimento para gusanos, señores. Porque aunque no lo crean, un día todos los que están en esta habitación dejarán de respirar. Nos pondremos fríos y moriremos.”
Si, ayer se ganaron 3 medallas en los Panamericanos, hubo más detenidos por el “Occupy Together” en Nueva York, se incrementó el numero de sublevados en Yemen, se estrenó la segunda temporada de ‘The Walking Dead’ y así como también hubo miles de nacimientos, ayer al mero estilo de ‘Macario’, la vela que representaba la vida de Leticia, “nuestra” Lety, se apagó, dejando las almas de quienes la conocieron en penumbras, y un mal sabor de boca para quienes tuvieron la dicha de conocerla sólo por palabras.
Por mi parte, no dejo de sentir esa melancolía, quizás absurda, al darme cuenta de lo efímero de las cosas, pero tengo la convicción de que el día que me toque encarar a la muerte no la invitaré a jugar ajedrez, pero si responderé constatando mi condición humana: “Mi cuerpo está listo, pero yo no” cuando me pregunte si estoy presto para partir.
Estamos contigo, Abel.