1.1.10

Los estragos de año nuevo… o cómo desearle lo mejor a mis amigos mientras estoy en mis 5 minutos de Good Guy

Son las 8:23 AM, en la cocina suena nostálgica la cafetera, preparando el primer café de la década. En la mesa de la sala/comedor/estancia [vivo en una casa de interés social: esas cajitas de zapato del FOVISSSTE] queda servido un pastel que grita desesperado ¡Cómanme!. Afuera el viento arrecia sobre las ventanas provocando ese lamento que varias veces me sacaron sustos en mi niñez. La puerta retumba. Lawrence de Arabia suena en la Televisión mientras que, con ojos hinchados, una sudadera “de gorrito” y mis pantalones de pijama de Homero Simpson, escribo el primer post del año. ¡Qué emoción!

Quisiera plasmar aquí los anhelos, mis deseos, mis expectativas para el año que comienza, pero de igual manera, un sentimiento de tristeza hace que esas ganas se vean mermadas. No puedo hacer más que agradecer a aquellos con los que he tenido la oportunidad de toparme en el camino:

A Arturo [el jara]: Gracias por tu amistad y esos post que luego no logro comprender, pero que siempre estimulan mi espíritu de escritor frustrado para escribir aquí algo nuevo. Visítenlo.

A Angélica [Angiepoquianchi]: Amenizaste mi pandemia de AH1N1, me ilusionaste e invitaste a seguirle dándole al changarro virtual. Nos hicimos reír mutuamente y un poquito más. Te quiero mucho.

A Israel [DanTTe]: De las pocas personas que puedo llamar amigo [virtual]. Tremendo individuo con ira desbordada que escribe como si el mundo se acabase al terminar sus entradas de blog [le tira con un sarcasmo exquisito, a todo lo que se mueva… y le moleste].

A Toño [Toño]: Pinche Toño, ¿qué te digo? ¡Eres un Finísimo Vivales!

A Paco [Pacasso] que me hace reír [y ha logrado sacarme un aww!] con sus tiras y podcasts animadones y ha llevado a un abogángster y a un elefantito a la posteridad.

Al Mike, compañero de juergas [con agüita de limón porque no empino el codo muy seguido],  auxiliar desinstalador de climas, diseñador grafico y melómano del METAL [y de ese pesado, no mamadas].

A René y Alonso, mis amigos, mis colegas [quienes me recriminarán, lo más seguro, por no haberles dedicado el podcast]. Esos dos locos ancianos con los que comparto gustos, aficiones y criterios.

A Paulina, mi asistente, que casi nunca ha dicho que no a alguna ocurrencia mía, y se ríe de mis chistes.

A Sandra y Fernanda, ya cásense mujeres. Gracias por tolerar mis chingaderas.

Al grupito de las ardillitas golosinas del mal [lidereadas por las dos de arriba]: Karen, Mirelli, Martha, Doña Carmen, Lupita… ¿ya les dije que se casen?

A Alicia… simplemente gracias, muchas gracias.

A Giovana y Magaly, quienes me hacen recordar de manera grata, mi época de preparatoria.

A Evelyn, que me ha levantado el ánimo, a veces, sin darse cuenta.

A todos ellos, y a aquellos que por el momento no recuerdo y que he omitido en esta pequeña lista, muchas gracias. Gracias por hacerme mejor persona [en el caso de Toño creo que aplicaría peor persona, jajajaja], por enseñarme a vivir, por decirme “la cagas” cuando en verdad la cago, por brindarme su amistad incluso cuando les hago una mala pasada; por hacer como que leen mis tweets y posts, por hacerme reír, por hacerme llorar, por haberme ilusionado, embelesado y haberme enamorado de la forma más estúpida posible.

Quisiera decirles más, pero sería poco si se le comparara con todo lo que han brindado a mi vida, y cómo la han cambiado [además un pollito recalentado, un pedazo de pastel y una taza de café me esperan, así que aquí le paro]. Felicidades