Noteja del dueño de este changarro: Pasen el cursor por las fotos, tienen un material extra que complementa
las pendejadaslo aquí narrado. GraciasPara quienes me hayan seguido por Facebook [uy si, míralo, ahora resulta que tengo seguidores] este fin de semana se habrán percatado que relaté vía Twitter mi odisea a la ciudad donde crecí: Papantla, Veracruz. Con la rinitis alérgica a todo lo que da, esta mañana de Sábado [día en el que estoy escribiendo esto pues, unfortunately, no cuento con Internet en estos lares y no han ningún buen samaritano que deje la conexión de su Infinitum sin WEP Key, por lo que vendrá a publicarse por ahí del lunes o martes, si bien me va… damn!!] nos dispusimos “el banco de esperma al que llamo padre®” y yo a alistarnos a la travesía de 3 horas y media desde Ozuluama hasta Papantla.
Aunque es un viaje al que ya estoy acostumbrado, debo decir que esta ocasión fue peculiar no solamente por el hecho de haber viajado con mi papá [quien por cierto, ahora que trae vehículo de ministerio público con torreta y sirena, se siente todo un Chuck Norris cuando la hacía de Ranger] sino porque viajamos por una ruta [más tardada] distinta a la que comúnmente acostumbro al viajar Tampico-Papantla/Papantla-Tampico.
¿Qué tal estuvo el viaje? Empezó mal, terminó mas o menos. Mi padre, hombre tosco, reacio y terco por naturaleza [todo un macho de las películas de los Soler] no es buen conversador, ni yo lo soy cuando de platicar con el se trata. Opté los primeros kilómetros por ir escuchando música con los audífonos [cosa que él detesta], sin embargo después el empezó a hablarme sobre los lugares por los que pasábamos y alguna que otra situación de trabajo referente a ese lugar. El viaje prosiguió y tal parecía que entre mas avanzábamos menos nos rechazábamos el uno al otro.
Hoy fue un día de sentimientos mezclados. Nos detuvimos a comer en Álamo,
Veracruz; donde confirmando las teorías de Mendel, no hablamos durante la comida hasta que habíamos terminado [somos de ese tipo de personas que vamos a lo que vamos: Cuando comemos desconocemos. Eso si, el anduvo manoseando mi plato mientras le servían el suyo].
Prosiguiendo nuestro camino, ahora decíamos bromas, contábamos chistes y hasta lujureábamos a actrices de cine de su época: Raquel Welch, Sofía Loren y Úrsula Andrews fueron objeto de nuestras “críticas” masculinas. Así arribamos a Poza Rica, lugar de donde es oriunda “la dueña de mi placenta®” y en donde yo cursé la preparatoria.
Un aire de nostalgia invadió mi
inmensoser al notar cuánto habían cambiado las cosas desde que yo estudié ahí [y eso que no fue hace mas de tres años, ¿eh?]. Nos dispusimos a ir al mercado municipal, lugar donde hay varias relojerías, pues mi papá llevaba el suyo, un Rolex que le regalase un ex-gobernador del Estado de Veracruz en sus añosmocosmozos, a mantenimiento.Desde que llegué tuve el presentimiento de que habría de encontrarme a alguien de
mi preparatoria, y así fue. Mientras esperaba fuera de la relojería divisé una figura femenina conocida [digo divisé pues con eso de la alergia los ojos me lloran y las vista se me nubla] que en cuanto me vio [y en contra de lo que cualquier persona que me conociese en esa época haría: hacerse pendeja y voltear la mirada] me sonrió y saludó muy afectuosa. Hablamos. En menos de 5 minutos nos pusimos medio al corriente de nuestras vidas y le dije que estaba contento de haberla visto [no porque hubiera querido algo con ella, sino que la ocasión, y mi estado de ánimo, requerían una pequeña muestra de que ese mundo que
vivígocé aun existían]. Total nos despedimos y no pude evitar darle un abrazo. Ella se fue, se despidió de mi papa, que para variar, anduvo de metiche, y se perdió entre el tumulto de gente adentrándose al mercado.Después de ese fortuito encuentro me sentí animado y al mismo tiempo nostálgico [chequen el update de Twitter/Facebook]… llegué a Papantla con el espíritu estropajeado: ¡Si ustedes pudieran gozar la vista del pueblito que tengo ahorita!. Llegar acá ha significado muchos recuerdos y sinsabores [tiene mas de un año que yo no venía para acá, a la casa de mis papás]. Y si bien el panorama al llegar fue un poco desalentador [todo se veía obscuro y tétrico, sin una muestra de vida] al tiempo que acomodábamos las cosas la casa mágicamente retomaba ese feeling de hogar: Prendimos luces, abrimos puertas, cambiamos focos, sacudimos polvo y pusimos música.
“Recuerda, en el ocaso, durante el crepúsculo, el día y la noche luchan entre sí por tres minutos… Esos colores que ves [refiriéndose a esos tonos escarlata y azul profundo que tiñen el cielo], son los destellos de esa lucha”
Mi papá. Mientras yo trataba de tomar una foto y le decía que me encantaban esos colores.
Estoy esperando a que den las 12 de la noche, muero de ganas de oír las campanas de la iglesia y de escuchar esa música que entona la torre a medianoche; se que me remontará a tiempos de antaño, a historias de fantasmas y a desveladas con apuntes escolares. Me voy, pues la rinitis alergia está otra vez haciendo de las suyas en mi. Buenas Noches.