La verdad es que desde que tengo memoria he sido una persona de proporciones asimétricas [O mis papás de plano me hicieron a la carrera o de "allá arriba" me mandaron por Correo sin seguro contra accidentes]: Una pierna es más larga que la otra, mi brazo izquierdo [después de una fractura de radio y cúbito a escasos 10 años] también es mas largo. Tengo los dedos chuecos [además de largos], podría sintonizar una estación de radio con ellos.
Batallo demasiado para la ropa [los pantalones que me quedan de cintura no me quedan de largo o al revés, misma historia para camisas y playeras], pero si hay algo que detesto con toda mi alma es tener que comprar zapatos... Toda remembranza que involucre calzado es una tortura pues he tenido que usar calzado que cubra el tobillo y plantillas desde siempre:
Los típicos zapatitos de botita acompañaron mis raspones y burlas durante kinder y primaria y estuve tan cansado de ésos zapatos que llegaba a llorar cada visita con el ortopedista cada vez que escuchaba que tenia que seguir usando esos zapatos pero con alguna otra modificación o plantillas especiales. A mis 6 años mi mayor anhelo eran aquellos tenis de lucecitas tan famosos de zapaterías Canadá [no recuerdo el nombre ahorita] y que anunciaban con Chabelo. Nunca los tuve. Otro recuerdo que tengo sobre zapatos fueron unos tipo Converse que me regalasen [cuando los Converse no estaban de moda aún en México] unas tías que iban a España seguido. ¿El trauma? Que me hayan dicho: "Ay pero mira, ¡que bonitos! Se parecen a los de Memín Pinguín"
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| Los míos eran rojos con bordes blancos |
Conforme crecí se fue dificultando cada vez más encontrar zapatos, pues no era común que un pre-adolescente calzara del 8½ o 9, así que imagínense cuando a los 16 calzaba del 10½ u ahora que calzo del 11. Ya no pierdo tiempo en preguntar en zapaterías, porque si hay algo que me molesta es que cuando dices el número lo primer
o que las encargadas/encargados/encargados que parecen encargadas hacen es voltear a ver mis pies...
o que las encargadas/encargados/encargados que parecen encargadas hacen es voltear a ver mis pies...¡Chingau, estoy patón ¿y?!
Durante la preparatoria y con visitas mas recurrentes a Tampico [en ese entonces yo estaba entre Poza Rica-Papantla] empecé a usar zapato semi industrial... aún conservo dos pares que antes que despegarse, maltratarse o deformarse se les acabó la suela y llegaron uno que otro par de zapatos de vestir que parecían salidos de una de las travesías de Gulliver.
Durante la Universidad, empezamos con el famoso: "No importa que no te guste, con que te quede es suficiente", lo que me hizo desfilar por cada par de zapatos mas extravagantes como coloridos y raros, con sus cómodas excepciones
Sin embargo hoy traigo puestos unos, de reciente adquisición, que detesto son horribles, que prácticamente me obligan a usar [puesto que los otros, mis favoritos ya están madreadísimos] y que me incomodan hasta para caminar.
Es por eso que los zapatos han sido y seguirán siendo una carga para mi, al menos hasta que encuentre la forma de reducir el tamaño de mis dedos…

