Durante la Universidad y la Preparatoria las clases de Mercadotecnia siempre decían que las necesidades y gustos yacían ocultos dentro del consumidor como la fotografía antes de pasar por el líquido de revelado; requería un pequeño impulso para que dichas necesidades o aficiones salieran a flote. Todo esto viene a colación porque ayer volví a ver, después de muchos años, Cinema Paradiso. Había olvidado muchos detalles de la película que al verlos me conectaron e identificaron con Salvatore; entre ellos y el motivo por el que escribo esto la Afición, incluso el Amor al Cine.
La capacidad inventiva e ilustrativa de “Toto”,un niño inquieto y muy despierto para su edad que vertía toda su energía en el cine: Humphrey Bogart, John Wayne, Clark Gable, Greta Garbo, Chaplin, Kirk Douglas, Jane Fonda, Sean Connery, todos ellos compañeros en su niñez, con una infancia marcada por la falta de un padre, pero compensada por un cinescopio y Alfredo, el proyeccionista del cine, me hicieron recordar como me aventuré, por accidente o quizá imitación, al mundo del celuloide.
No recuerdo cual fue mi primera película, pero recuerdo a mi papá tener en sus libreros [de una vasta biblioteca, ahora desactualizada y empolvada en Papantla] libros de cine: The Hollywood Story, The MGM Musical Story, Hojas de Cine: Crónica del Cine Mexicano y varios más. Recuerdo pasar horas hojeando esos libros en inglés, a mis 5 años poco inteligible, buscando fotografías de las películas que captaron mi atención desde muy chico y que lo siguen haciendo hacia la fecha: Batman de 1989 y Superman de 1978. Si bien no habrán sido mis primeras películas, si fueron aquellas que marcaron mi infancia.
Como ávido consumidor de cine, mi papá me indujo por caminos inexplorables a mi edad: Los Intocables, El Padrino, Identidad Desconocida, Espartaco, Oceano de Fuego, Ben-Hur, Los 10 Mandamientos, Bajos Instintos [a su debido tiempo], Danza con Lobos, Robin Hood, Lawrence de Arabia, Lobo, etc.; en resumidas cuentas la acción y las historias épicas.
Por otro lado, mi mamá, catalizadora de sueños, aficiones e inculcadora de cultura general me llevó a ver en cine Las Tortugas Ninja, El Rey León, todas las de Batman e innumerables títulos de rigor para un infante. En casa, y gracias al Telecable, Los Girasoles de Rusia, Matar a un ruiseñor, Kolya, Doctor Zhivago, Stradivari, La Vida es Bella, etc.; todo el lado benévolo, romántico y soft-erótico del cine.
Por mi cuenta y gracias a mis primos y también al telecable vi Barbarella, Dick Tracy, Star Wars, Kill Bill, Spawn, South Park, La Naranja Mecánica, El Resplandor, y todo tipo de películas de sábado por la mañana en Cinema Platino, Golden Choice, TNT e incluso las primeras pornos. Para ese entonces el cine no era para mí nada más que mero entretenimiento, algo en que gastar una tarde de lluvia en casa con palomitas y dulces.
Mi prepa pasó alejada del cine e inmersa en la música así cómo los primeros años de la Universidad, salvo sus excepciones de rigor: Batman Begins, Superman Returns, Spiderman, Taken, Transformers, entre otras.
No fue sino hasta que conocí a mi Maestro “Asesor-de-Tesis-con-Doctorado-en-España” y sus múltiples referencias en clase al cine, que mi perspectiva cambió de la mano de un hombre: Ingmar Bergman [a como lo citase mi maestro en una conferencia en la Universidad: “una película aburridísima de la confrontación de un hombre con la muerte”].
El Séptimo Sello, Fresas Salvajes, Sonata de Otoño, Fanny & Alexander, Persona, A través del Cristal, y recientemente Zarabanda [su última película] afloraron en mi, cual líquido en papel fotográfico, una mezcla de sentimientos [Sonata de Otoño me hizo llorar y el Séptimo Sello reafirmó mi fe] y un ansia tal por ver más, por saber más, viajar sin despegarme de mi sillón, deleitar mis sentidos con una película…
Aquí le paro, pues hoy me toca ver “Hard Goodbyes: My Father” y chance “The Little Shop Of Horrors” con el jovencito de Jack Nicholson, pero les dejo una frase del propio Bergman y que externara en mi otra casa, Finisima Persona, hace poco: